¿Qué es el comer emocional?

¿Cuántas veces has tenido un mal día y bajo la premisa de “me lo merezco” has encargado una pizza? ¿Cuántos viajes has dado al frigorífico o a la despensa una tarde que estabas nerviosa? ¿Cuántas veces has comprado todo tipo de chucherías para pasar esa tarde triste tirado en el sofá viendo una película? Bien, todo eso es comer emocional.

La comida es un placer, nadie que haya probado un plato hecho con cariño y un poco de destreza puede negar que comer va mucho más allá de la necesidad de nutrirnos. Hasta ahí estamos todos de acuerdo, pero cuando ese placer se utiliza para tapar otras emociones es cuando vienen los problemas.

 

Estas y otras frases están en el imaginario colectivo y, en muchos casos, son la puerta abierta para muchos trastornos de la conducta alimentaria como la bulimia o el trastorno por atracón. Por ello es muy importante saber detectar cuando nuestra relación de la comida no es del todo saludable.

¿Dónde está el problema de querer disfrutar de la comida cuando se ha tenido un mal día?

Sencillo, en evitar afrontar las verdaderas causas de ese mal día aprovechando el placer de la comida. Da igual que sea una pizza o unas verduras asadas con un huevo escalfado. La raíz del problema está en acudir a la comida para evitar otras emociones.

Si en lugar de hablar con tu pareja para aclarar esa discusión o reorganizar tu horario para no acabar tan cansado al final del día te lanzas al congelador para comerte medio litro de helado de una sentada, lo que estás haciendo es aparcar un problema que irá creciendo mientras alimentas otro que no sabes dónde puede desembocar.

Cuadro que distingue entre el hambre emocional y el hambre real

Papel de la publicidad

¿En cuántas comedias románticas hemos visto a una chica joven y guapa comiendo una enorme tarrina de helado decepcionada por algún desamor?

 

En este blog ya hemos hablado de la problemática de la publicidad y la alimentación, por desgracia a diario vemos miles de ejemplos que promueven el comer emocional. Asociar un producto a una emoción es la estrategia marketing por antonomasia, el combo definitivo es cuando va acompañada de colaboraciones con famosos.

Spot promoviendo el comer emocional
Enlace en la imagen a un post de NorteSalud hablando de esta campaña.

Pero cuando se trata de productos de alimentación y, más aún, de productos ultraprocesados altamente calóricos, esta estrategia tiene implicaciones muy peligrosas.

En estos dos vídeos vemos claros ejemplos de promoción del comer emocional. Por un lado, una adolescente que acaba de romper con su pareja y a la que su padre le ofrece una pizza dado que no sabe como manejar esa situación. Puede resultar gracioso o ingenioso, pero es muy habitual acudir a la comida en situaciones de ansiedad o depresión.

En el otro lado tenemos un viejo anuncio en el que se presenta un snack ultraprocesado como una salida valida al estrés laboral. No es raro que en nuestro puesto de trabajo haya una maquina vending que oferte este tipo de productos y, acudir a ellos para descansar del trabajo es un habito peligroso y nada recomendable que puede desembocar en comer emocional.

En una sociedad en la que crece el número de casos de trastornos de la conducta alimentaria y las cifras de sobrepeso y obesidad son cada vez mayores, deberíamos ser especialmente cuidadosos con este tipo de cosas, pero mientras la regulación en la publicidad sea tan laxa como lo es ahora (para saber más sobre este tema te recomiendo esta serie de posts de Francisco J. Ojuelos y Julio Basulto) poco podemos hacer más allá de señalar, denunciar y sensibilizar.

A quien acudir

El profesional de referencia con el que tratar cualquier problema relacionado con el comer emocional es el psicólogo sanitario. Ni dietistas-nutricionistas, ni médicos, ni coaches, ni terapeutas de ningún tipo. De la misma forma que cuando se te rompe el coche no lo llevarías a alguien que no sea mecánico, no juegues con tu salud. Si, la mental también es salud y lo es tan importante como la física.

Y a ti, profesional sanitario que detectas algún tipo de síntoma en tu paciente de un problema de este tipo: DERIVA. No estás capacitado para diagnosticar, ni tratar algo así. Explorando por tu cuenta puedes abrir una caja que no vas a saber cerrar y el perjudicado es tu paciente.

Si te preocupa perder un paciente por derivar al profesional adecuado, debes saber dos cosas:

  1. Eres muy mal profesional si pones por delante tu cartera a la salud de tus pacientes.
  2. Una persona que ve que le derivan al profesional adecuado va a valorar mucho más tu servicio.

Si queréis informaros más sobre este tema podéis ver este vídeo de Cristina Andrades a la que os recomiendo seguir si os interesa este tema junto con Gema Psicóloga, Alfonso Méndez o Andrea Arroyo, entre otros.

La comida es un placer, no dejes que se convierta en un problema.

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